miércoles, 9 de octubre de 2019


La noche de las cosas. Laura Escudero Toblet. Ed. Babel

            Pedro es un joven que vive en Ciénaga, pueblo que podría ubicarse en Santiago del Estero donde vive con su abuela Pacha. Abandonado por su padre y madre se encuentra en un momento crucial en su  vida  porque está rumiando irse a la ciudad para buscar y quedarse con su madre. Ocurre un acontecimiento que provoca la llegada  a Ciénaga de Jacinta y Marisol que viven en el campo y son curanderas. Serán las encargadas de ayudar a Pedro en un viaje muy especial de tono real maravilloso, al estilo de García Márquez. Debe entrar en el sueño de la Pacha, su abuela, la mujer que lo ha criado para conversar y escuchar las historias de algunos personajes muertos de su familia y de amigos que lo ayudarán a reencontrarse con su historia familiar, con la de su pueblo y con su propia  identidad.  Es un viaje a la memoria, a la memoria de esos seres y de esas historias que nos constituyen.
            Es una novela escrita con tono poético, con una presencia importante de la naturaleza, del entorno que cobran un valor simbólico en la trama. Los pájaros,  el agua, el viento, el sol, la tierra acompañan el recorrido de Pedro, se convierten en signo del destino esencial que tiene cada hombre. El paisaje es mas que paisaje, es parte de la carne y formador de pueblo. Por ejemplo, los pájaros son signo de libertad, de algo reconquistado, de lo que debemos dejar partir para crecer.
                   De a una, la Pacha, abre las jaulas. Pedro la ayuda y sueltan miles de pájaros. Los que están y los que estaban. Los toman en las manos, los acarician hasta que recuperan el vuelo y llenan la noche de colores y trinos. (pag. 146)
                  
                   Es que no quiere abrirle la jaula. No quiere que se vaya. A veces hay que dejar que los que se quieren ir se vayan. (pag. 154)

            Otra presencia importante es el pueblo: un pueblo pobre habitado por gente que ha salido de otros lugares, una novela que habla de inmigración y migraciones internas. Se entretejen historias de mujeres solas que se tienen que ocupar de hijos pequeños o    nietos, de hombres que se mueven por trabajo. Todos los  personajes con los que conversa Pedro son melancólicos, que contagian también al paisaje, en una tierra  donde los hombres son los que se van por el trabajo golondrina y mujeres que se quedan solas a sostener y criar a los hijos.
            Y lo que está mal repartido en este mundo, hijo, no son los ríos, las lluvias, o las naranjas, lo que está mal repartido es esta miseria. Algunos la tienen toda. Completa. (pag. 110)

            Pero, a pesar de la miseria, son hombres y mujeres que le pelean a la vida con dignidad y valentía. Algo que Pedro va aprendiendo de los relatos.
            Las historias de amor que se entrecruzan en la novela son episodios de una ternura increíble en medio de esas vidas, por ejemplo, en el capítulo 12, la historia de amor de Pacha que fue rescatada de la tristeza de un desengaño de amor por un hombre que la amó con paciencia y ternura.
          (la Pacha) iba por el monte suelta de todo, diciendo palabras que no decían nada. Tomada por la locura que viene con la seca. Vuelta destiempo. Flaca hasta los huesos y espinosa, arisca como nunca. (pag. 133)

            La Pacha es rescatada por un hombre que tenía la paciencia de los que cuidan animales, porque cultivaba esa rara cualidad de ternura que hace crecer las cosas en el desierto más desierto.
            Las historias de amor son historias de rescates que enseñan a Pedro lo que vale en la vida, hace que pueda entender a Marcela, su madre. Y finalmente a esclarecer su corazón.
         Pero él se queda. Elige quedarse. Que Ciénaga es su lugar. Le dice que si se atreve a volver tendrá que acostumbrarse al polvo, al sopor del viento caliente. Pero que las noches son preciosas, las higueras dulces, y en verano, cuando el canto de las chicharras y los grillos se junta con el perfume de los jazmines. Todo lo demás no importa. (pag. 158)
           
            Una novela para leer con los adolescentes y jóvenes y transitar diálogos sobre la identidad, sobre las historias familiares, sobre el lugar de origen como constitutivos  de la personalidad. Para animarse a lo poético como búsqueda de la expresión de la propia interioridad. Para entrecruzar con otros libros o películas que aborden el tema de inmigración, de la búsqueda de un lugar que acoja para vivir y crecer, por ejemplo, Así en la tierra como en el cielo de Sandra Comino, Lucia, no tardes de Sandra Siemens, Lo que cuentan los inmigrantes de Canela. O dialogar con películas y cortos animados hay muchos circulando por las páginas de films, por ejemplo,  El viaje de Said disponible en https://vimeo.com/16037500

           
Nota publicada en la Revista Consudec de octubre  2019
https://consudec.org/wp/revistas/#oct19_34Revista Consudec Octubre 2019

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